“Enséñanos a contar nuestros días, de tal maneraque alcancemos corazones sabios.” — Salmos 90:12
Podemos pasar años aprendiendo muchas cosas y, aun así, equivocarnos en decisiones importantes. Saber mucho no siempre significa saber vivir bien. Por eso existe una diferencia importante entre inteligencia y sabiduría.
Podemos pasar años aprendiendo muchas cosas y, aun así, equivocarnos en decisiones importantes. Saber mucho no siempre significa saber vivir bien. Por eso existe una diferencia importante entre inteligencia y sabiduría.
La inteligencia está relacionada con la capacidad de comprender, aprender y adquirir conocimiento. La sabiduría, en cambio, implica saber aplicar ese conocimiento de manera correcta, discerniendo cómo actuar ante las situaciones de la vida.
Inteligencia no es lo mismo que sabiduría
El mundo siempre ha tenido personas inteligentes. Gran parte del conocimiento y del desarrollo que hemos alcanzado es fruto de la capacidad humana de aprender, investigar y crear. Sin embargo, el conocimiento y la inteligencia, por sí solos, no garantizan buenas decisiones.
Es posible saber mucho y, aun así, actuar de manera imprudente. También es posible conocer principios correctos y no aplicarlos cuando llega el momento de decidir. La sabiduría exige discernimiento, humildad y disposición para poner lo que sabemos al servicio de decisiones correctas.
Por eso la sabiduría ocupa un lugar tan importante en las Escrituras. Proverbios nos recuerda que “el Señor da la sabiduría” (Proverbios 2:6), y Santiago presenta una promesa preciosa: si alguien necesita sabiduría, debe pedírsela a Dios, quien la concede generosamente (Santiago 1:5).
No se trata solamente de acumular información sobre la vida, sino de aprender a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
Aprender a contar nuestros días
Salmos 90 es una oración que nos recuerda la brevedad de la vida y la grandeza de Dios. En medio de esa reflexión, aparece esta petición tan profunda:
“Enséñanos a contar nuestros días, de tal manera que alcancemos corazones sabios.”
Contar nuestros días no significa vivir obsesionados con el paso del tiempo. Significa reconocer que nuestra vida es limitada y que, precisamente por eso, la manera en que vivimos importa.
Ser sabio también significa aprender a mirar la vida desde la perspectiva correcta. Nuestra existencia no es solamente una sucesión de acontecimientos; nuestros días son un regalo de Dios y nuestras decisiones tienen consecuencias.
Cuando recordamos que el tiempo no es infinito, comenzamos a valorar de otra manera nuestras palabras, nuestras relaciones, nuestras prioridades y los caminos que elegimos.
Jesús enseñó a sus discípulos a vivir de tal manera que sus buenas obras apuntaran hacia Dios y llevaran a otras personas a glorificarlo. La sabiduría bíblica no busca simplemente hacernos parecer más preparados, sino ayudarnos a vivir de una manera que refleje a Dios.
La sabiduría se ve en la manera de vivir
Conocemos personas que quizá no hayan estudiado mucho, pero demuestran discernimiento, equilibrio y temor de Dios en sus decisiones. Estar cerca de ellas enseña.
Sus palabras, sus decisiones y la manera en que enfrentan las dificultades pueden mostrarnos una verdad importante: la sabiduría no es solamente lo que una persona sabe, sino también la manera en que vive.
El propósito de la sabiduría que viene de Dios no es solamente ayudarnos a comprender más acerca de nosotros mismos, sino enseñarnos a vivir bien delante de Él.
Nos ayuda a reconocer nuestros límites, tomar mejores decisiones, enfrentar las dificultades con discernimiento y dejar una influencia que apunte hacia Cristo.
Cómo buscar sabiduría en la vida diaria
Buscar sabiduría requiere esfuerzo. Exige humildad para reconocer que no lo sabemos todo, disposición para aprender y valentía para cambiar cuando comprendemos que estamos equivocados.
También requiere detenernos antes de algunas decisiones.
Podemos orar, pedir dirección a Dios, buscar consejo en personas maduras en la fe, comparar nuestros deseos con los principios de las Escrituras y preguntarnos si el camino que queremos seguir realmente honra al Señor.
No siempre recibiremos una respuesta inmediata, ni todas las decisiones serán fáciles. A veces tendremos que esperar. Otras veces tendremos que reconocer que nuestros planes necesitan cambiar.
Pero incluso en esos momentos, podemos pedir a Dios un corazón sabio.
La verdadera sabiduría también nos enseña a aceptar que no controlamos todo. Hay preguntas que permanecerán abiertas por un tiempo, situaciones que no podremos resolver de inmediato y caminos que solo comprenderemos después de haberlos recorrido.
Aun así, podemos seguir confiando.
Una de las mejores escuelas de la vida
Una vida vivida con temor de Dios puede enseñar mucho más que aquello que conseguimos expresar con palabras.
Cada alegría, cada dificultad, cada decisión correcta y hasta nuestros propios errores pueden convertirse en oportunidades para aprender, siempre que mantengamos un corazón dispuesto a escuchar a Dios.
Esa es una de las mejores escuelas de la vida: aprender a contar nuestros días, buscar la sabiduría que viene de Dios y transformar aquello que aprendemos en una manera mejor de vivir.
La verdadera sabiduría comienza cuando dejamos de vivir como si nuestros días fueran infinitos y empezamos a vivir cada uno de ellos delante de Dios.
¡Que Dios te bendiga!
“Si alguien anhela la sabiduría de Dios, tendrá que renunciar a su propia sabiduría y pedir la luz divina.”
— Juan Calvino


